ANGIE CAROLINA ERASO JARAMILLO-YERMA
En un agosto gris, penetró con violencia en suelo extranjero , la raíz más insospechada y testaruda.
Brotó afectando la rizosfera más nutrida y de a pocos, fue formando con su interacción microbiana tronco con líber poética y bifurcaciones extrañísimas sin la fragilidad que los tallos recientes suponen. Así, y, como si no pudiese ser más defectuosa, surgió ausente de convicción para producir semejantes; sin tubérculos, estolones, rizomas o bulbos que le den sentido a la fertilidad en su esencia vesicante de Cnidoscolus multilobus.
La vegetación aledaña la enredaba de cuando en vez, con desgano, e incluso con lástima, se agitaban fuerte con cualquier viento para ver si su composición variaba, mas el arbusto acorazonado, necio y urticante, se aferraba a un destino casi libre, sin carúnculas densas por frutos.
En los bosques mesófilos de una sociedad enclaustrada, germinó con un rezago fértil que no va de febrero a septiembre, sino de enero a diciembre y sólo abarca la conciencia que inmiscuye su perennidad.
Huraña, dicotómica, dentada, largamente pedunculada, yerma, infecunda e incluso improductiva, logra ser medicinal, tejiendo vida de variadas maneras, aún árida con la congregación de sus virtudes delirantes, que las convenciones vegetativas no sustraen. Y, con nervaduras en el envés se muestra heliófila, cubierta por cielos diáfanos, burlando la reproducción del hado que le habría arrancado lo que pluguiese ayer, mañana y siempre.
Deshabitada de retoños, se declara libre y rebosante de ácidos poesóficos de epistemologías de lo etéreo.
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