Gladys Beatriz solórzano-Mi culpa
Una sensación de sed sintió mi cuerpo, lo asocié con la situación que estaba viviendo.
Escondido bajo de la cama hacía ya como cinco horas mientras él rondaba aún por la casa, yo me encontraba en el piso superior en la pieza de mi hermano, o sería la mía no me fijé por el apuro. Lo que sí sé es que ahí me sentía a salvo, había logrado escabullirme tras la discusión y subir corriendo las escaleras, y como esto se repetía cada vez con más frecuencia ya sabía qué debía hacer, luego mamá me encontraba, pero esta vez no lo hizo, yo seguía esperando y lo sabía por mi celular. Nadie subió, pasó el tiempo y me dormí allí.
Me despertó Raquel, era una policía que me encontró y me dijo que bajara con ella, yo como un autómata le hice caso, mi abuela lloraba y mi madre estaba desaparecida me dijeron con palabras dulces y mis lágrimas surcaron mi rostro con rabia, conté de la discusión y respondí otras preguntas que me hizo una señora, muy linda y suave. Llevaba un cuaderno y una biromen, vestía un traje color pastel, me dio un chupetín, me inspiraba confianza, a ella le conté todo, todo lo que sucedía en casa siempre, ya anteriormente ella (mi mamá) me había enseñado a correr a esconderme cuando mi padre se pusiese así y luego me encontraría.
Pasaron unas semanas o un poco más y hallaron a mamá muerta y envuelta en bolsas en un baldío.
Nunca más volví a ver a mi padre, lo condenaron a treinta años de prisión por el crimen de mi madre, mi abuela se hizo cargo de mí.
Mi hermano vendió la casa y se fue, no volví a verlo. Me carcome la culpa día a día.
¿Por qué no lo conté antes? eso me convirtió en alcohólico y caí al límite de la indigencia.
Hoy estoy recuperado, pero uno jamás sabe, me llamo Lorenzo Huerta.
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