Gladys Elizabeth Lescano-Pequeña Guerrera

 Les cuento en pequeñas líneas un pequeño fragmento de mi vida, crecí en un mundo sabiendo que mis padres no me querían por ser simplemente mujer. Un día llego el momento de salir y trabajar, durante arduos días de trabajo y cansancio solamente pensaba que algún día llegaría el amor de mi vida. El día que tanto anhelaba llego sin pensarlo, pensé que la vida era bonita, pero lamentablemente no fue así. Me embarace a temprana edad y no tuve apoyo de mi familia, sufrí el abandono de mi casa, del amor mi vida y quede desesperanzada en la soledad de las calles. Los días pasaban, me fue difícil encontrar trabajo por el simple hecho de tener un hijo en mi vientre, que fue creciendo poco a poco. Encontré un trabajo, y al terminar mis horas diarias en él, mis patrones siempre me decían “Ya vas a descansar en casa Gladys”, pero ellos no estaban enterados que mi casa era la calle y mi habitación era la puerta de la iglesia Medalla Milagrosa. Las madres superioras me preguntaban: ¿Qué haces aquí?, yo solo respondía que no tenía lugar donde estar, con lo cual me daban permiso de estar en la puerta y rezar con mi hijo durante las misas. Mi único afecto era el abrazo mutuo de personas desconocidas al darnos “la paz este contigo”. Llego el momento del nacimiento de mi bebé, mientras volvía del trabajo, rompí bolsa en el camino, se acercó un hombre y me ayudo a subir a un taxi. Legue a la maternidad llorando de dolor y alegría, nació el 2 de enero el regalo de dios, mi compañero de la vida. Siempre hay historias detrás de las personas, por más simple que te parezcan las cosas, hay que valorar lo poco que se tiene.

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