Graciela Brown-Los siete velos

 LOS SIETE VELOS


El día que nací, cayó mi primer velo, el de la incógnita. En esa época no existían las eco-grafías así que el sexo del bebé se conocía al parir. Qué decepción sintió mi madre. No era lo que esperaba.
En mi niñez, se desgarró el segundo velo: el de la ilusión familiar. Mi comportamiento no se adecuaba, no era el esperado por la sociedad. Es rebelde, se justificaba mi padre, mirá que recibe castigos pero no aprende.
De adolescente, quise aferrarme al velo de la integración, casi desesperadamente. No podía. No pude. Iba a contramano del mundo que exigía mujeres muñequitas y vírgenes, y varones fuertes, machos y conquistadores. No pude sostener el velo, se hizo añicos.
Elegí la pareja inadecuada para mis padres. Me cerraron la puerta y arrancaron el cuarto velo protector con el portazo.
Cuando me separé, escuché multiplicado al infinito el te lo dije, no supiste cuidar tu matrimonio, así sos, siempre a las andadas. Lloré de dolor y bronca mientras el quinto velo, el de la comprensión, se deshacía con mis lágrimas.
Trabajé de lo que pude. Y los que se creyeron dueños de mi vida y de mi cuerpo tironearon el sexto velo, el de la dignidad, hasta lastimarme.
El séptimo velo, el de ser, me lo quité yo. No sucedió de un día para otro. Fue un proceso lento y de años. Tuve que reconocerme como pensante y no obediente de lo establecido por siglos. Si todo había sido de determinada manera, era hora de cambiarlo.
Ahora estoy desnuda. Soy un monstruo incorregible e imprevisible, según me dicen. No estoy de acuerdo. Ahora lucho por conservar mi piel como me apetezca en esta danza vertiginosa que es la vida.

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