Liliana Noemí Cevallos-De repente
Me pueden esos pasos en veredas y en tiempos,
los zapatos gastados en un solo costado apenastus pasitos torcidos te llevan de paseo en las tardes, en el viento,
en las voces chillonas, en las rezadoras, en las añejas
y en la esperanza disfrazada de tarde
y en el silbido lejano de un fuego que arde.
Si, me pueden,
tus dedos gastados de agujas que sueñan con hilos finitos,
carpetitas, puntillas que se truecan por panes.
Sí, me puede la máquina que cloquea,
salpicando de letras las carillas que estrena.
Con renovado entusiasmo saboreo poleo en el jarro orejudo
y las migas resbalan al aire y a la vida.
No hay infancia sin rincones.
No hay rincones sin infancia.
Edredones de lanas cubriendo tobillitos de barro,
piececitos cansados de tejos y rayuelas.
Ojos que me miran desde las viejas fotos.
Conjugación de asombro, esperanzas calladas,
ímpetus posibles, sueños alcanzables.
Me uno a la raíz benévola de tímidas caricias
que se guardan con calma
en el lugar preciso donde cabe mi alma.
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