María Antonia Nuova-Un Encuentro Oportuno
Sentada en un bar, conocí a una mujer que lloraba desesperadamente.
Le pregunté qué le pasaba, era tanto su dolor y congoja que me pareció muy llamativo.Me comentó que su pareja la había castigado golpeándole la cabeza, entonces salió de la casa por temor a que la agrediera más.
Su preocupación era que su nena de tres años había quedado en su casa, y tenía mucho miedo que la agrediera.
Le aconsejé que fuera a pedir ayuda, sola no iba a lograr nada; le comenté que podría dirigirse a la secretaría de la mujer para que pueda comenzar a solucionar el problema.
La mujer agradeció, pagó su café y se retiró.
La vi de casualidad y me enteré que había aceptado mi sugerencia, había visitado un abogado, que la acompañó y guió en el trámite, pero el acoso constante de aquel hombre no cesaba. En una oportunidad, hablaba telefónicamente con su abogado y le gritaba que por no haber resuelto nada, se mataría y él sería el responsable. El profesional le respondió con toda serenidad que ella debería solucionar este problema a la brevedad, sino la situación alcanzaría un estado límite, corriendo peligro su vida. Además, le hizo comprender que no se puede convivir con una persona violenta.
Con el tiempo, inició la pensión alimenticia, y decidió retirarse del hogar con su hija, pero tenía terror de encontrarlo.
Después de esta conversación, le confesó a su abogado que la amenaza que le había propiciado por teléfono en aquella oportunidad era porque ese hombre le exigía, estando a su lado, y golpeándola.
Ahora me doy cuenta, al tomar cierta distancia, que yo estaba enloqueciendo y no me daba cuenta.
Sufro, tengo miedo, pero ahora veo la realidad.
Hoy brego por una ley justa, que apoye a la mujer golpeada.
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