Melina Tatiana Hernandez -"Usted siempre tenga su platita, para que nunca le tenga que pedir a ningún hombre nada"
Eso me dijo mi nona, cuando yo era niña, mientras se pintaba la boca con un lápiz de labios de color fucsia, para que juntas vayamos a la verdulería: Coqueta mi nona. No salía a la calle sin antes maquillarse.
La nona siempre trabajó, antes de casarse y después, aunque mi abuelo le pidió que solo se dedicara a la casa y a sus tres hijas.Es decir, al trabajo doméstico. Ella, igual realizaba otros trabajos para vender desde su casa: cosía, tejía, cocinaba y vendía Avon. Curaba también, aunque eso lo hacía por la sanidad y por el amor al prójimo.
Sus palabras me acompañaron siempre.
Cuando era niña, mis padres no me dejaban comer algunos alimentos. En mi lógica, comprendía que si la plata era mía yo podía comprarme lo que quisiera. Entonces, me levantaba los sábados bien temprano, me iba al negocio donde mi papá trabajaba. Y le proponía a él y a sus compañeros del negocio, pasarle glicerina a las ruedas de sus autos. Cada auto por un peso.
Cuando terminaba, con mi plata, compraba mi jugo Ades y mis chizitos Cheetos. Siempre me inventaba algún trabajo.
Mi Nona, con su frase motivó mi autonomía económica. Y por ser mujer tuve que ponerla en práctica con mucha atención y cuidado ante posibles engaños.
Los años han pasado, y siento que la Nona intentaba alertarme sobre el problema que genera la dependencia económica en las mujeres de su época y de la mía: siendo este el principal obstáculo que tienen muchas mujeres para alejarse de sus parejas que ya no aman o incluso de su agresor.
Para nosotras todavía no es fácil el ámbito laboral, pero como mi Nona, es importante que lo hagamos como una práctica de resistencia en la búsqueda de una autonomía para la liberación.
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