Nilda Susana Spacapan-SEÑORA VIDA
Mañana fría de un duro invierno, las filosas lenguas del viento hacían que mis dientes entonaran, la canción del hielo. Al abrir la puerta sentí un aire que quemaba mi humanidad, me arropé y salí andando por aquélla vereda hasta llegar al trabajo.
Duro día de árboles sin hojas, de sombras iracundas que como una guitarra le hacían coro al chifido, que no paraba de cantar.Me sentí viva al sentir el choque de los suspiros vacíos en todo mi rostro, agradecida por aquel trabajo que el destino había puesto en mi camino.
Escribir poesías en una columna del diario más importante, fue como tocar el cielo sin escaleras.
Me senté en un sueño mientras caminaba y llené mi mente de lindas palabras.
Quería que ese día fuera mi mejor versar, dejé el sendero de aquellos gigantes, abrí la puerta y allí estaba mi herramienta de trabajo.
Colgué mi abrigo, tomé un café y la primera palabra se ancló en la blanca hoja haciendo pareja con las tres primeras letras, paz.
Paz divina, que mi alma entera reza cada noche por estar estoicamente,
enfrentado al ciego mundo, con sus duras batallas; no te rindas ante adversidades que nunca pediste y hoy están surcando por el mundo entero.
Hazme el favor de dejar que el viento sople, los leños ardan, el río corra y mi tierra sea feliz.
Completé mi escrito con una gran frase- Le cantaré al sordo, lo besaré al ciego y seré el bastón que sostenga al un pobre esqueleto para que todos podamos, sentir el aroma al invierno.
Saluda atentamente la señora vida.
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