Norma Minniti-Las caras de la miseria
Nos acostumbramos a vivir con miedo, cada vez que sentíamos que mi padre abría la puerta temblábamos. No sabíamos si llegaba enfurecido, ni qué iba romper ese día, ni a quién elegiría para satisfacer su sadismo, ni si ese día sería el último para alguna de nosotras… o para todas. Éramos muy pobres, pero lo que vivíamos por él era mucho más terrible que una paupérrima casilla de madera. Mi madre, a la que no termino de comprender, no estaba durante el día y por las noches se adueñaba de la miseria más grande que podía tener una madre: “Esta noche te toca a vos dormir con tu papá”. Ella lo denunció muchas veces por las palizas que le propinaba, pero nunca hizo nada con lo que él hacía con sus hijas. Sí descargaba toda su cólera en nosotras, nos daba toda clase de golpes con furia y con saña. Creo que hasta tenía celos porque él nos elegía, como que sentía que le habíamos robado al marido. Nunca hizo nada por protegernos. Huérfanas de padre, huérfanas de madre, el lugar más inseguro del mundo era la casa en la que vivíamos, el “hogar” de la miseria humana. El desapego y la indiferencia fueron las formas de la miseria de mi madre, la crueldad y el sadismo fueron las de mi padre… ¡Ellos representaban lo más brutal de la miseria!
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