SYLVIA ELENA HART- Sus Manos Grises
SUS MANOS GRISES
Sus manos grises toman sutilmente por la cintura a su enamorada. La labor rural lo ha convertido en hombre rudo de campo, pero suave y apacible. La frente fruncida asemeja enojo y trae la boca cerrada e inflada lista para soplar un ventarrón en cualquier momento. Olor a bosta en las botas, un echarpe manchado cruza su lomo.
Clotilde lo mira con terror o quizás admiración. Ojos amplios y asombrados. Boca abierta por donde intenta gritar, pero sólo sale la planta de trébol que llevaba entre los labios. La lluvia había caído antes de tiempo. La blusa trasparente se le ha pegado al cuerpo. Sugiere una sensualidad que Ceferino sólo puede intuir.
Se escucha el golpeteo del granizo sobre el techo de chapa. El viento se cuela por todos los rincones. Hay aroma a tierra recién mojada. El trigo de oro está listo para ser cosechado. Quién sabe qué daño harán esas piedritas de agua. Ceferino se lamenta pero sabe que la Naturaleza manda y no hay nada que se pueda hacer.
La mira a Clotilde y con mucho cuidado le quita la blusa. Con un trapo intenta secar el torso desnudo. Sus manos raspan la espalda y terminan alrededor de su cara. Un momento eterno finaliza con el gemido de un animal. Apela a los dos. Comienzan a buscar en el galpón. Encuentran en un rincón un cachorrito de zorro totalmente mojado y temblando de frío.
Ceferino lo mira con curiosidad. No sabe qué hacer con aquel que de grande será dañino y comerá gallinas, gallos, pollitos. Clotilde suplica con su mirada.
El rudo comienza a secar al zorrito con el trapo que estaba usando para ella. Lo frota con suavidad. ¿Dónde estará la madre? Ella se agacha también a acariciar al animalito. Él huele a tabaco y ropa mojada. Ella huele a hierba fresca.
Sylvia Elena Hart
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