Adriana Guadalupe Lucero-La negación
La negación
Le pidió sólo un beso. Un gesto repetido, común y hasta automático entre ellos. Le pidió tomarse de las manos, como lo habían practicado una y mil veces.Le pidió caminar cerca (demasiado cerca) uno del otro. Le pidió, le exigió, le demandó con nerviosismo y absoluta impertinencia que lo dejase apretar su pálido y suave (demasiado suave) cuello. Y ella a todo dijo sí, como siempre lo había hecho. Sí. Una afirmación repetida durante años y que ya formaba parte de sus absurdos y automáticos discursos que solo buscaban complacer a aquella sombra de hombre a quien, alguna vez, creyó amar.
Pero cuando él comenzó a apretar, a estrujar, cada vez más tenso, con esos ojos inyectados en sangre, rojos, como la luna, rojos, como su rencor, entonces sólo una palabra monosílaba acudió sin miramientos a su ya casi exigua garganta. Una palabra, por fin, luego de siglos plagados de impuestas afirmaciones, de aceptaciones ancestrales avaladas por el dedo acusador. Solo una palabra, nada más.
“No…” y todo se volvió niebla.
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