Ana Mas (en arte, Ana Guillot)-Electra 2020 (derechos reservados)
Intangible el pájaro. Intangible el afán, este soliloquio entre ella y lo que se espera. De ella y de todas. Aparentemente intangible esta revelación. No sabe cómo, pero ya está, y es un océano enjoyado el Pireo.
Se ha visto junto a la descalza. Puede presentir que vendrá. Que la tomará por los hombros y acercará la boca a su cuello. ¿Cómo decir que se ama a otra fémina? ¿Cómo nombrar el olor del género, del mismo género, enjambres en el clítoris al unísono, ecos de la pulsación vulvar? ¿Cómo adamascar los labios de esa otra, menstruante como una, circulatoriamente parecida?
Es la de los bellos pies la que decide finalmente la escena, la que rodea el cuello titilante de Electra, la que le cose los dedos al rodete, y el cabello de Electra se pega a su espalda como un musgo a los omóplatos. La de los bellos pies le sostiene la nuca. Y Electra se abandona. -Boquita de mariposa, reina mía- y la atrae hacia sí, cuerpo que tiembla (los dos), cuerpo que va danzando (los dos). La de los bellos pies sostiene con firmeza y el beso es serenísimo, bello. Basáltica y hermosa, Electra es más Electra que nunca. Se deja, se licua, se abandona, se tiende en su lecho, se desnuda, se vierte como un río, se desprende. La de los bellos pies agradece su tersa sedación, su blancura. Ella tiene un esposo violento. Y aunque no lo tuviera. La guerra está en Ilión, en otra parte. Fue entonces cuando Electra desarmó a Electra: amar a otra mujer no estaba en el oráculo. Y entonces no podrá. Matar a Madre. No podrá instigar a Orestes. Electra es ahora una muchacha enamorada. Una mujer al borde. De las hebras del pubis, de su voz.
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