Claudia Carmen Barreto-Interruptus

 Cuando desesperada sus entrañas entrega a lo clandestino

y buscan la carne que usurpa, ese cuerpo cautivo
La desidia social así lo dispuso, ella así no lo habría querido.
Dolorosa desde la conciencia que a fuego y deshonra nos han metido.
Suda su angustia en silencio, como pecado, delito.
Palpita su alma palpita su vientre, palpita sus intestinos,
La han cortado malamente, por dentro, sintió como un cuchillo,
Sufre el dolor imposible la vergüenza, el abandono,
La indiferencia de un estado, que en una cruz se lava las manos,
administrando padecimiento desprotección sin tratamiento
Ella solo quería vivir su vida era lo primero y lo último que tenia
Acaso pensó que era libre, que sin los medios podía decidir
Acaso creía que su cuerpo es suyo.
Acaso se olvidó que lo único suyo es el dolor
¡Eso por ahora nadie lo prohibió
y cuando más dolor mejor así sirve de decepción.
Para que otras cautivas sepan quién es el superior.
Una vez más marchan unidas, las mujeres por sus vidas
Marchemos mujeres, por nuestras cuerpas por nuestras vidas
A los varones no les es negado, el derecho natural que poseen sobre su cuerpo. Nosotras somos culpadas, acechadas, denunciadas, por querer y no poder decidir cuándo alojar o no, en nuestro cuerpo.
Más ¿nadie vio nunca de donde sale la semilla? Ellos las pueden abortar de sus escrotos cuantas veces lo decidan. No hay policías, ni juez, ni credo, que puedan por esto darles procesamiento. Entre todas las desigualdades desde hace siglos reclamados están los derechos negados a decidir sobre el propio cuerpo a las mujeres en una llana muestra de desigualdad y poderío patriarcal. El aborto prohibido decidido por los hombres que no tienen vientre.


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