Estela Zanlungo-Iluminar la noche
Iluminar la noche
Le conté el cuento de memoria.
Después de muchas veces
uno empieza a decirlo
como si se soltara un animal
que muerde el pie descalzo del que escucha.
Los personajes salieron solos al proscenio
colgados de una tanza
iluminados por una linternita
que proyectaba sombras inquietantes
sobre el cartón pintado
del pequeño teatro.
Era una trama simple
de un niño que temía la oscuridad de los pasillos
y encendía las luces en los patios
hasta que algo
venía por lo oscuro
y entraba desde el vidrio a sus espaldas.
Me llamo Negra, dije.
Yo suavicé la voz hasta su oído,
y tuve para mí los ojos más abiertos.
Quedamos en suspenso las dos,
ella contuvo el aire
y esperó el desenlace.
Entonces se quedó así
y entrecerró los ojos
como quien ha vivido mucho
o conoce un secreto
y lo revela
con una vocecita de cantar en la ronda:
¿es la muerte?
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