Maria Antonia Jaime-Injusticia
Vacilante y dolorida
quería salir corriendo, terminar con ese día.
Dejar de luchar, que no soy una heroína
y no voy a ser parte de un libro de historia.
y me inspiró el valor de mi hija que me defendió orgullosa,
sintiéndose derrotada pero buscaba la gloria, sin ceder vencida;
y en mi hermana y mi abuela que sufrieron y lucharon con altivez e hidalguía.
y me inspiré en mi misma, en las heridas invisibles y sangrantes de mi propia vida.
y en mi madre, quien avanzó con la honradez como guía.
Porque nos enseñaron a ser así de pacientes, aunque justicieras y bravías.
y en esa lengua gringa, pequeña pero gigante, repetí una vez más mi historia,
me resigné a mi suerte, con cansina hastía.
Sabiendo que el veredicto estaba dictado, aún antes de que me escucharan;
mucho antes de esa falsa puesta en escena, llena de malvada alevosía.
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