MARÍA CRISTINA VÁZQUEZ-ELLA
Amanece. El despertador suena, suena…
Una mano lo busca para callarlo. Después de despertarse se levanta. Mira al hombre dormido, mueve la cabeza y murmura. Va a la cocina. Prende la hornalla, pone agua para el café, calienta la leche, sirve galletitas en un plato... piensa que algo falta, las tostadas que a él le gustan. Las prepara.Despierta a los chicos, cinco en total, dos mujeres y tres varones.
El hombre sigue durmiendo.
El pasillo se llena de chicos yendo y viniendo.
No encuentro mis zapatos - dice uno; me falta una media – otro; me quede sin hojas- grita la del medio; y yo perdí la cartuchera - entre sollozos murmura más chico.
Él se levanta; en esta casa no se puede dormir - murmura.
Finalmente en medio de corridas llantos y enojos los chicos están listos.
Él termina su desayuno y sube al coche; los chicos lo siguen.
La última en subir es ella, que llega corriendo con su taza de café ya frío que toma apurada, que asco - dice.
Él sólo la mira…
Reparten a los chicos: jardín, primaria y secundaria.
Ellos trabajan en el mismo lugar.
La mañana pasa rápido...
Salen y buscan a los chicos.
Llegar a la casa, la rutina de todos los días, preparar la comida, almorzar, lavar los platos, mirar la tv, ayudar con los deberes a los más chicos.
Él duerme la siesta.
Merendar. Seguir con los deberes.
Él salió a trabajar.
La cena en familia. Lavar los platos; las chicas ayudan.
Él cansado se va a dormir.
Finalmente logra que los chicos se acuesten en medio de protestas.
Él la espera.
Ella entra. Se miran a los ojos, los de él profundidades oscuras donde ella se sumerge, se reconocen, son sólo un hombre y una mujer enamorados.
HUARMI
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