María Natalia Trouvé-Las Talitas
De aquí todes se van. Hasta las lechuzas se terminaron yendo.
Desde la ruta doblando a la derecha se arrastra, entre la polvareda, una calle larga de barro y piedras.Sin nombre.
Sin número.
Observándonos ausente.
Hacia un lado el almacén, donde la religión es el fútbol los domingos y juntarse a tomar, de viernes a viernes; hacia el otro las casas de ladrillo sin terminar, con sus chapas y sus caballos flacos. Sus niños solos y un pájaro mural nos miran pasar.
Mi hija y yo, palma con palma, avanzamos. Con sol o con lluvia.
Su mano chiquita entre las mías. Su calor de niña.
Hay una bajada y en la otra manzana nuestra casa. Juntas pintamos las paredes, la esperanza y el amor. Preparamos la tierra nuestra, con árbol y todo. Con agua y sonrisas. Con salamandra, calor, comida caliente, una pava y mucha música siempre. Dejamos todo listo.
Un día, por fin, vinieron pero al poco tiempo, con las lechuzas, se fueron.
De aquí todes se van, pienso.
Entonces juntamos fuerzas y pusimos nuestras blancas piedritas desde la ruta hasta la verja para que cuando brillen con la luna pudieran llegar. Y no sea tan lejos.
Pero o se olvidó la luna de iluminar o se convirtieron las piedras en miguitas. No sabemos bien.
Quedamos como almas hermanas. Esperando. Nuestras cabezas juntas. Sintiéndonos así durante un rato, como todo en este barrio. Un poco huérfanas.
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