MARIA PIA GARMENDIA-Primavera

 Después de la primavera, lloré.

Lloré y lloré.
Lloré, lloré, lloré,
digamos que lloré a lo Girondo,
lloré.
Mis penas se quejaron,
ningún velo seco encontraban
para disimular con las visitas.
Lloraba. Y ellas no sabían por qué.
¿Quién te hirió? ¿Quién te gritó?
¿Quién te ofendió? ¿Quién te robó?
preguntaban desconcertadas.
Nadie. Nadie. Nadie, contestaba yo.
Y entonces les conté:

La primavera me trajo flores, de todos los colores
de formas y aromas que siempre soñé.
Y me las hice piel.
Sin embargo lloré y lloré cuando el viento, inevitable
las hacia girar de aquí pa´ allá, hasta desaparecer.

Tenían, las penas y yo, las lágrimas a flor de piel,
piel de durazno, tan suave que no las podíamos retener.
No son ustedes a quienes lloro, penas queridas, copleras y vidaleras... le lloro a la vida misma, porque generosa, me dio un instante de florida alegría.

Las penas, seguían sin entender...
Es que a los humanos nos duele lo que tenemos de humano...
que ustedes, penas y alegrías, no son para siempre. Son efímeras.
Y qué alegría cuando las penas se van.
Y qué pena, cuando la que tiene que partir, es la florida alegría, que nos deja el recuerdo, de consuelo, y una fábrica de esperanzas, de entretenimiento.

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