Mariana Suarez Gauna-Lealtad

 Mi relación con la melliza siempre fue estrecha, casi al borde de la mimetización.

Éramos distintas, opuestas.
Yo era gritona, desinhibida, histriónica; ella era apocada, sufrida, apagada.
Muchas veces yo hablaba por ella, yo peleaba por ella.
Era yo, con su voz.
Fuimos construyendo una relación forjada en su silencio y en mi decir. Sin invadirnos, pero a la vez, poseyéndonos. Siendo la una en la otra, incondicionales.
No éramos mellizas, pero aprendimos desde siempre y desde el silencio, a estar juntas. Inseparables.
Estar sola era un peligro. Un ataque inminente del cuco. Cualquier cosa significaba meterse en la boca del lobo: ir a colgar la ropa, ir al otro baño, ir a apagar las luces.
El cuco estaba atento para aprovechar la oportunidad de meter sus manos sucias debajo de mi bombachita de florcitas y puntillas, para provocar en mí un terror paralizante que lo hacía feliz.
Pero cuando más atacaba el cuco era por las noches. Y aunque muchas veces el sueño nos vencía, y quedábamos a su merced, otras nos acostábamos juntas y charlábamos de cualquier cosa. Nos contábamos historias, nos cuidábamos la espalda.
Este crecimiento atravesado por abuso y silencio, se tradujo en una sola cosa: LEALTAD.
Yo cuido tu espalda, vos cuidas la mía. Ayer, hoy, y siempre.
Entonces sin pensarlo, me convierto en madre de tu hija sabiendo que no es mía, y que te la vas a quedar. Asumo mi rol de madre sustituta.
Y vos, te quedás con mi perra cubriendo mi pseudo maternidad patológica. Y no buscás un trabajo mejor por casi tres años solo para cuidar a mi pequeña niña, que no tiene mayor seguridad que pasar con su tía Nana toda su primera infancia.
Eso, entre tantísimas otras cosas.
Lealtad pura. De la buena. Real.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Maria Antonia Jaime-Mi madre

Estela Alvarracin-Despliego mis alas

Narda Ludueña-Buscando..