Noelia Verónica Venier-Sorrow

 Pocas cosas le dan tanta pena

como desandar esas calles polvorientas
hasta la tumba protegida
por el interminable manto de nubes.
Sube con lentitud
hasta la casita que la alberga.
Coronan su sueño las flores de plástico
que la última vez dejó
junto a la promesa de volver pronto.
Antes, al principio, había plantado malvones.
Nunca los regó.
Hoy
con tristeza
se pregunta
por qué las flores mueren.

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