Zingara Romina Paz Campos Quijada-Dolor en tinta negra

 Kate lo veía cada día escribiendo sentado fuera de su casa. Llevaba cuatro días viendo la tristeza en su mirada y no soportó más. Llegó a su casa apurada y, contradiciendo sus costumbres, interrumpió abruptamente la sesión de dibujo de Frank diciéndole: “No puedo más. Debemos hacer algo. Esto es horrible”

Él la miró desconcertado y preguntó: “ ¿qué? ¿a qué te refieres?”
Y pasó a explicarle lo que había visto, como el hombre escribía cada día fuera de su casa incluyendo su decisión de no acercarse por no perturbarlo más. Le contó también lo que deseaba hacer para ayudarlo. Pensaba en un evento de literatura para que, mediante las letras que, según había notado, eran su pasión, pudiera superar lo que fuera que estuviera pasando. Quiso salir de inmediato a hablar con Maryanne para que la ayudara a organizar todo porque ella y su padre eran escritores y sabrían qué hacer. Sin embargo, sabía que, al principio, solo contaría con ella pues el escritor y músico había viajado esa mañana.
Frank intentó en vano detenerla pero ella dijo, en un tono que no daba lugar a réplica:
“Mañana puede ser tarde, Frankie”
Aunque no se lo dijo a su esposo, temía que el hombre se hundiera tanto en el dolor que cometiera alguna locura. Se abrigó bien y, seguida de un desconcertado Frank, salió a la calle a toda prisa. Amenazaba con llover pero eso no la detuvo y caminó como si de eso dependiera su vida.
Llegaron a su destino una hora más tarde y, para el alivio de Kate, encontraron a Maryanne junto a su padre. Haciendo un esfuerzo por tranquilizarse, fue la primera en hablar:
“Buenas tardes, señor McDowell, es bueno encontrarlo…” Y le contó todo lo que había visto y lo que oyó después la dejó atónita:
“Conozco a Richard desde hace años y lo que propones lo ayudará” oír eso la animó hasta el punto de empezar con los preparativos en ese mismo instante.
Finalmente, cuando Kate y Frank regresaron a su casa, ella estaba mucho más tranquila, con la certeza de que esos ojos tristes que había visto sonreirían de nuevo.

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